Si existe algo más repugnante que robarle a un anciano es hacerlo a un anciano enfermo de Alzheimer. Y si hay algo más nauseabundo aún es despojar de sus escasas pertenencias a quien encima de ser viejo y estar enfermo te ha ofrecido la posibilidad de trabajar. Pues eso mismo es lo que ha hecho una transfronteriza en la irreconocible Valencia, donde el fango y las miasmas no se encuentran sólo ya a orillas del lago de l'Albufera. Para que encima luego te encuentres en negro sobre blanco cosas como éstas:
Para más inri, estas tipejas que les limpian algo más que los suelos a los que los que a ellas recurren -como ya hemos demostrado reiteradamente en este blog, si es que nos visitas de vez en cuando-, trabajan en la economía sumergida, como incluso reconoce la inmigrante rumana experta en inmigración y empleada por el CSIC que firma este panegírico aparecido en un diario de tirada estatal.

No obstante, este pueblo de zotes egoístas sigue llenándoles las alforjas a foráneas que no cotizan, que cometen hurtos, robos y hasta homicidios sólo por ahorrarse unos euros, existiendo agencias que proveen de este tipo de mano de obra, como hicimos en mi familia cuando mi abuelo estuvo demasiado mayor y delicado de salud como para valerse por sí mismo. Y excepto una de las trabajadoras, que por cierto no sabía hacer ni la o con un canuto y tuvimos que pedir que la reemplazaran, el resto eran vernáculas. Así que no hay excusa.

1 comentarios:
Y las que no roban a ancianos les someten a todo tipo de maltrato psicológico.
Publicar un comentario en la entrada